martes, 29 de marzo de 2016

Del pasado reciente de una amiga



Saben mis lectores que, como buen desván, este blog tan solo contiene recuerdos entrañables. Por tanto, en él encontrará crónicas de remembranzas más cercanas o lejanas en el tiempo, mías o de colegas cuyo estilo roza con lo literario... He aquí una propuesta de algo acaecido en el pretérito reciente a una periodista con quien compartí en el último festival de crónicas de la bella ciudad de Cienfuegos.

Maldita  wifi del día después
Por KATIA SIBERIA
Como las resacas de menta, como las reuniones estériles y prolongaaaaadas, o como una cola de papa a 39 grados Celsius. Así de horrible es la wifi del día después, sobre todo si tienes a una niña de cuatro años al  lado y al otro lado (del mundo) a su padre.
Porque una vez que se te ocurra inaugurarle la wifi, sacarle al padre del desierto argelino y ponérselo en la cara es muy probable que, como yo, comiences a quedarte sin respuestas y a confundirte y a disimular y a convencer (te) de que casi nadie en esta vida está preparado para decir adiós. Y terminas maldiciendo a la wifi que no tienes (o no puedes) y agenciándote un doctorado en economía familiar que te costee la adicción, la eufemística adicción de una vez por semana.
Tú sabes mentir, lo haces perfectamente: estamos bien sin ti,  no te preocupes que aquí esto está de maravillas, el sacrificio y la distancia  tienen sus recompensas…Pero a los cuatro años no se es tan falso y una niña sí dice quiero que vengas ya, y por qué tú te fuiste, y pega el cachete al teléfono para que le den un beso y choca con la pantalla del Sony, que ni en su generación más avanzada ha logrado trasmitir semejante sensación, a pesar de que, dicen, experimenta con olores y en el futuro podremos olfatear a nuestros seres, vía Internet.
No es ahora, sin embargo, ahora solo lo ve y lo oye, a veces ninguna de las dos, a veces solo una de las dos. La niña te mira y te pregunta por qué en el parque podemos ver a papito y en la casa no, y por qué no vamos todos los días al parque, y por qué, mejor, él no viene pal parque, y que por qué se oye tan bajito (esa es fácil porque le dices que está muy, muy lejos). Y ella no entiende y yo la entiendo a ella.
En algún momento nos hacemos muecas tripartitas distendiendo la congoja y llegan esas rachas de dientes por las que yo comería huevo frito toda la semana, solo para pagar el “exceso” de conectividad. En ese instante bendigo a la wifi e ignoro a la señora contemplativa que creí me diría que esas sandalias, las de maripositas que él le enseñó a la niña, no le iban a servir. ¿Son pa ella, no? hubiera rematado, si se hubiese atrevido a hablar del mismo modo en que observó.
Pero ni siquiera la imprudencia, la incomodidad o los minutos que vuelan me hacen maldecir la wifi, así como se odia una resaca, la cola y la esterilidad.
Solo mi hija, al día siguiente, cuando despierta y me pide el teléfono pa enseñarle a papito un dibujo que se le olvidó.

martes, 8 de diciembre de 2015

Por un pelín



Mi hijo transita por los años de la adolescencia y, ante cada desafío educativo que -cual gigante- se planta a menudo delante de mí, suelo refugiarme en el recuerdo tierno de algunas anécdotas divertidas protagonizadas por mi unigénito en un pasado todavía reciente.
Una de ellas tiene que ver con la enseñanza de la historia. Resulta que llegó a su escuela una de las llamadas visitas de la nacional o del nivel central, como también jocosamente se nombra en provincias a las inspecciones de las instancias habaneras de cualquier sector.
La comitiva evaluadora se presentó en el aula de segundo grado de mi niño y entregó papelitos para una sencilla comprobación. Verificarían algunos conocimientos básicos de los pequeños en torno a héroes de la patria, toda vez que en el primer ciclo de primaria aún no se imparte la asignatura de Historia de Cuba.
Concretamente los estudiantes debían escribir dos oraciones sobre el Che. Los alumnos pusieron manos a la obra y en medio del silencio mi hijo levantó la mano y desinhibido, como era en esa época, preguntó:
-      Maestra ¿cómo se escribe pollo?
Su profesora, robusta docente de más de treinta años de experiencia, picada por la curiosidad y evidentemente un tanto molesta le espetó en voz alta:
-      Pollo se escribe con doble L… pero, a ver Eduardo, léeme ahí tu oración ¿se puede saber que estás poniendo sobre pollo en algo acerca del Che?
Ni corto ni perezoso el interpelado leyó:
-      El Che peleó valientemente en el Combate de Pollito.
La maestra rio estrepitosamente. Al instante había comprendido lo que sucedía y de inmediato lo explicó a la visita. La semana anterior se había hablado en el matutino del combate de Alegría de Pío. Entonces la carcajada fue general.
Los educadores habaneros quisieron llevarse la pregunta escrita de mi hijo como recuerdo y, más allá de lo hilarante de la situación, al chico habría que felicitarlo. En primer lugar había demostrado que en la escuela se hablaba de historia fuera de las aulas, pero además resulta encomiable el hecho de que no se conformó con mencionar virtudes del heroico guerrillero, quiso ser más específico y citar un determinado hecho, admira también el despliegue de recursos nemotécnicos que en segundos revolucionó su cabecita de siete años en aras de recordar el nombre de la batalla citada.
Como se dice en buen cubano solo falló por un pelín porque, a fin de cuentas… ¿quiénes pían más alegremente en este mundo? Los pollitos...

jueves, 30 de abril de 2015

Para los seres que mejor saben amar



Abril se nos escapa de las manos sin saldar con nosotros su deuda primaveral. Apenas ha llovido en Las Tunas en una estación cuyas tórridas temperaturas hacen pensar en el más ardiente de los veranos. Sin embargo, a pesar de la sequía, abril cautiva al igual que su sucesor mayo, ese período en el que homenajeamos a las madres y que no por gusto nombramos mes de las flores.
Justamente, cuando ya mayo es certeza tocando a nuestra puerta, escudriño en mi desván y encuentro una de mis primeras crónicas radiales, escrita en el año 1993 a pocos meses de egresada de la universidad. Esa crónica, realizada en el quinto mes del año, me la inspiró mi madre y todavía conserva toda su vigencia, porque así siento en relación a la autora de mis días. Ahora la dedico nuevamente a ella y a todas las progenitoras que por esta fecha lean esta página de mi blog. Aquí va, con el título con que se trasmitió hace más de 20 años...

“Hoy es especial decirte que te adoro”

     No puedes imaginar lo que siento cuando te nombro, pues todo se resume en ti. Tú eres mi templo y coraza, de ti me nutro cada mañana y a ti retorno cada noche.
    Todo sería tan difícil si no existieras…. Desde que me enseñaste los primeros versos te hiciste imprescindible, desde que me dijiste que los “zapatos de salir” no eran para todos los días, me leíste los cuentos y me aclaraste las dudas de la vida.
    A tu lado los problemas son chicos porque tu palabra los desvanece, tu lógica es la más natural del mundo y tu filosofía la que más admiro, declarándome, por tanto, su seguidora fiel.
   No puedo hacerte un pedestal, Madre, porque, entre otras razones, se que no lo admites. Pero quiero que sepas que en la cumbre de mis sentimientos está tu lugar. Está tu lugar irremplazable, tu lugar eterno, porque eres mi pan y mi lectura obligada, mi espada y mi flor…
   Por la ternura que has derramado en todos estos años y la fuerza que me imprimes cuando me creo perdida, por los regaños oportunos y los sabios consejos, la cima es tuya, Madre.
   Es tuya y lo sabes en cada beso, en cada secreto compartido, en cada esperanza renovada… Me alimentaste desde las entrañas y aún lo sigues haciendo porque sólo tú logras alimentarme el espíritu.
   Hoy no es el único día para quererte, para hacerlo no alcanzan los días en el año, pero hoy es especial decirte que te adoro, repetirte, una vez más, que yo te amo, porque es precisamente hoy, Madre, el día en que quiero que vuelvas a saberlo.